Hoy es un día muy triste

El sol está campante,

más brillante que nunca,

hace una brisa fresca,

llegué temprano al trabajo,

comí bien,

decidí peinarme,

las manos no me sudan,

mi ropa está plisada,

 

al doblar alguna esquina una dulce anciana me sonrió  y

a pesar de todo eso,

hoy es un día muy triste.

 

Marifa

 

Pintura: María Fernández.

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Sobre ti

“Suburbio”, no sé a ciencia cierta que significa esta palabra, pero es lo que se me viene a la cabeza, junto a tus ojos por supuesto…

“Tu me suburbias”, suena exótico, ¿No? O tal vez una composición: “Mi dulce suburbio con suaves reflejos de avenidas constantes en la ciudad de mi corazón, déjame entenderte, dame un poco de tu amor”…mmm… creo que está mejor.

Marifa

 

 

Gracias, muchas gracias

La verdad no sé si ya habré hecho algún escrito sobre dar las gracias, tampoco creo que importe mucho si lo hice o no, pues es algo que no tiene ocasión. Si bien hay recompensas que nos merecemos por nuestro esfuerzo, nunca debemos olvidar el agradecer a los demás, a la vida, las pocas o muchas cosas que nos llegan. En esas más o menos me encuentro, súper feliz, muy bendecida, Dios es mucho, la vida me ha dado demasiadas cosas desatrosamente constructivas, horriblemente hermosas. Me repito de manera constante que no soy lo suficientemente especial para recibir tanto amor del universo, porque no quiero que mi corazón se infecte con epidemia del narcisismo que  a tantas personas se ha llevado a la tumba de la soledad, del desprecio. Gracias a todo el que me ha empujado, gracias al que lee esta publicación, gracias por seguir ayudándome a crecer. Gracias, muchas gracias…

Mi niño inquieto

Te gusta jugar, aveces vienes, aveces vas,

tus manos van a tu rostro,

las quitas, la pones,

cubres esos misteriosos ojos,

sacas la lengua, corres.

Me enojas hasta rabiar,

me haces falta ¿Por qué no terminas el juego?

¿A qué le temes mi niño inquieto?

Aquí estoy  luchando para no ahogarme en esta arena movediza,

mientras más insisto, más me hundo, más me gustas.

 

Lo has logrado,

me tienes dando brincos por todos lados, ya lo hago

con  senda maestría, ¿Entiendes lo que estoy diciendo?

Tendré que seguir escribiéndote, porque te has tapado

los oídos. Eres muy creativo, mientras más me acerco

más estrategias te inventas para que no te encuentre.

Te confieso que de las escondidas ya me cansé,

juguemos mejor al amor,

ahí estoy segura que pierdes todos tus trucos,

así te enseño algo nuevo ¿Qué dices?

Marifa

Cronología del tigueraje pasao

– Loco agárrame esa mochilita ahí unos minutos.
– No le pare, manin, vaya y venga y no se detenga.
(Una hora después)
– Mi locrio y dónde uste’ estaba? Andaba sin reloj Era? Uste dijo unos minutos. 
– Pero no te me quilles, manin, vamos a ve’, cuánto fue que yo duré?
– Cómo una hora! Tú cree que yo soy tu burro!
– Pero manin, cojalo easy, vamos a analiza la situation, yo soy lo ma’ justo de este patio, cuántos minutos tiene una hora?
– … 60 … Perate, perate, perate…
– Vaquea ahí, yo te dije “unos minutos.”
– Deje su payasería que aquí no hay
espectáculo…
– (Mano en hombro) maniga, el del performance e uste, además tú sabe lo que hay en esa mochila? Tu sabe?
– Va a seguí?
– Pero dime si tú sabe!!
– No carajo!! No sé!
– Ahí manin hay libros manin, conocimiento… yo te dejé un tesoro y mira cómo me hablas…no a todo el mundo uno le deja cosas tan importantes…
– Manin… mi locrio … excúseme…
– No manin, está bien, última vez que lo hago.
– Qué pasó? Te va a quilla? Deje eso así… Yo le cargo lo que uste’ diga… Yo soy su burro…

Marifa

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Pintura: Walter Zuluaga.

 

El mal comio no piensa

Tres de la mañana, aún siento en mi espalda las patas del roedor que me hizo compañía. Se lo agradezco mucho mas debe aprender a ser menos enérgico, en una de estas me deja las marcas y ahí sí que me jodo, osteoporosis no está en la lista del seguro social. Se lo haré saber cuando retorne el día siguiente. Sobre todo reconozco que me gusta compartir col él, o ella o eso, me hace sentir que valgo la pena para algo.
Siete de la mañana. Limpio mis zapatos con el agua del contén, hubo una lluvia copiosa, me sirvió para asearme un poco. Los cartones del colchón se empaparon, mi ropa por igual. Hacía mucho frío. Pudo haber sido peor. Resolví acostándome sobre los asientos del parador, ahí no caía agua y pude descansar un poco hasta que llegó la primera OMSA. A la gente no le molesta mi presencia, ni la notan. Yo sí a ellos, más de lo que debería. La filosofía de lo que he llamado “vida”, parte de los aprendizajes sobre el ser humano y sus equivocaciones. Ayer, por ejemplo, mientras me encontraba husmeando por los alrededores de una nueva cafetería, me di cuenta de algo que me enojó, demasiado. Que me hizo reaccionar de mala manera.

Debo decir que el local olía muy bien y me quedaba cerca del puente donde hago la siesta no sin antes releer el libro que encontré por unos caminos cerca de la Lope de Vega, se llama, “Manual de historia dominicana”, título interesante. Siempre encuentro algo nuevo, cada vez se me parece a lo que veo en las calles de esta ciudad, pero bueno, les hablaba del puesto de comida.
Mi objetivo era esperar a que los meseros sacaran por la puerta de atrás las sobras del almuerzo. Soy muy paciente, además, tenía tiempo. En eso veo a una madre con su hijo. Él debía tener unos 19 y ella 45. Se percibían de buena posición económica, unos auténticos come mocos de oro, de esos que se encierran en una burbuja de conféti e ignoran lo que pasa a sus espaldas. Ya he estudiado a fondo ese tipo de individuos, no me agradan del todo, pero de ellos algo aprendo.
La señora le reclamaba al muchacho que debía prestar atención a su alimentación, que él estaba en edad de desarrollo (creo que lo añoña demasiado, evidentemente había pasado esa etapa) y, por último, pronunció esa frase que retumbó en mi cerebro, “el mal comio no piensa´´…
senda estupidez…
Sí, había escuchado eso antes por algún parque entre un grupo de amigos, sencillos, liberales, buena onda. Alguno de ellos lo dijo en forma de broma porque eran las cuatro de la tarde, ya casi les correspondía entrar al negocio, y como se habían pasado el descanso compartiendo menesteres esenciales, se les olvidó comer. Obvio que si no llegaban a razonamientos básicos era porque le dedicaban sus ratos de ocio al arte de las otras dimensiones, pero yo no era nadie para sacarles de su divertida escena. Les dejé ser felices, al menos ellos lo eran, por un lapso, pero lo eran.A la señora no le respondí porque su realidad bubónica no le iba a permitir comprenderme. Esa puntiaguda nariz incomodaba mis impulso. Tenía todas las de perder.

Luego de haber esperado un buen rato con el estómago sufriendo y las neuronas alborotadas, salieron los del servicio y tiraron un manjar al basurero.Yo, prudente, me detuve, aún cuando las piernas querían brincar cual saltamontes en hierva fina. Logre cruzar la calle. Metí las manos en el zafacón.

Mientras degustaba un preciado hueso de bistec con retazos de arroz y huevo, se me atoró en los dientes un pedazo de tiza, no me estorbó para nada hasta que se terminó todo. Quería un poquito más. Un poquito de postre quizás. Respire. Fue cuando me saque la tiza y la guarde en el bolsillo.

Al plasmar cada paso en dirección a mi hogar, regresaban aquellas palabras, ´´el mal comio no piensa´´… la cosa con menos lógica que he escuchado en mi vida. Sabía que me iba a costar mucho, lo sabía, pero me arriesgué y devolví en dirección al auto de la doñita esa. Nadie estaba al pendiente, no sé si deba agradecer eso, pero me facilito la jugada. Dejé que los dedos se acomodaran al trocito de tiza y coloqué la mano sobre el bonete:
´´El mal comio sí piensa, tanto que me he dado cuenta que su vida es una falsa, así como sus dientes, su peluquín, y su intento de hijo.´´
Cuando llegué a casa, le conté a mi amigo de la hazaña y empezó a saltar muerto de risa por todos lados. A mí no me causo tanta gracia, para ser honesto, me arrepentí. La realidad no está hecha para todo el mundo. Hay quienes nacieron para esconderse tras cristales blindados.

Marifa

 

Pintura: ´´Joven mendigo´´ de Bartolomé Esteban Murillo. 

Bailar con la lluvia

La lluvia es muy buena pareja de baile. Sabe llevar el compás de las gotas al 3 por 4. Domina el misterioso vals del consuelo. Te sostiene la cintura, te agita hasta que de ti broten los más profundos pesares.

Se divierte.
Te diviertes.
Acelera el paso. 
Vueltas y vueltas mientras las lágrimas danzan armoniosas junto al sudor y el deseo de gritar.

Te abraza.
Ahí, tacto a tacto, mirada a mirada, te entiende, te siente, te besa.
Te deja volar.
Vuelves.

Cede. Cesa. Jarina. Tendrás que esperar un buen tiempo para repetir ese instante de libertad… ¡Qué triste es la vida!

Marifa

 

Pintura:  ¨El arte de bailar bajo la lluvia¨  de Rossana Spalazzi.

Alguien tendrá un ascenso

 

Caminaba hacia algún sitio con ganas de saciar el hambre, molesta como una mosca e intensa como un zumbido. Créanme, no exagero.

Seguí la calle, doble la esquina. Mis ojos captaron una figura que no contrastaba con las tonalidades ni la forma de la pared. Casi accidentalmente voltee. El viento tocó mis mejillas, el sol dilató mis pupilas y ahí estaba él. Insignificante hasta ese momento. Un ser cualquiera.
El crujir de mi estómago era tan molesto que ni le saludé a pesar de que lo mire a los ojos con descaro. No es una justificación aceptable, pero, en mi defensa, tampoco pensé que iba a importar. Uno no anda por ahí sonriéndole a todo el que se acomoda en las esquinas con semejante apego.

Mis pies continuaron el paso. Llegué al puesto de desayuno, compré una tostada y un jugo, muy buenos por cierto. Retorné a mi posición anterior, la oficina.

El cerebro hizo un juego experimental, ese de juntar las piezas con menor contenido para darles valor, ustedes saben, un proceso muy inteligente que debemos respetar.
Por razones que solo mi subconciente entiende me llegó el reflejo del instante que pasé junto al chico de la esquina, una escena súper romántica que solo duró un segundo. Aún así sigo admirando la complejidad de nuestra mente, no me queda de otra, es la que me tocó.
Me gustó el muchacho y no lo sabía, o sea sé que he repetido como tres veces, de diferentes maneras que esto es absurdo, pero créanme que no es lo peor. No. Hay más. Me gané la lotería y ni siquiera jugué un número. Cristian Casablanca, tiembla.

Mientras me encontraba sumergida en alguna ilusión de nosotros pasando una tarde en Roma, alguien toca la puerta. Pongo de pie, abro, es el supervisor que quiere ponerme al tanto de una situación, dice que un empleado está enfermo, “Don Isaac”, que por ello dejará de asistir al trabajo, que lo excuse porque no me pudo llamar más temprano. Yo lo entiendo, pregunto qué le pasa, al parecer males del estómago. Le digo que no hay problema, le mando saludos y mis mejores deseos. Soy una gerente compresiva y más si estoy de buen humor. Un humor amoroso, ustedes entienden.
Y bueno, retorno a mi viaje. Esta vez estamos en Las Vegas, eso no lo puedo contar por lo del refrán, lo siento.
Recuerdo que no he tomado café en todo el día. Salgo de la habitación, subo las escaleras. Detengo. Shock. Colapso. Terremoto. Tsunami. Los misiles de Corea del Norte… Sí, a una esquina, justo al lado del bebedero, estaba él. Yo. Yo. Eso mismo salió de mi boca. Cuatro años en la universidad y tres de Posgrado para que ahora solo me salga de la boca la primera persona del singular. Bien. Excelente. Magnífico.
El muy hijo de Zeuz me sonrió. Aún no entiendo por qué lo hizo, por qué me disparó de esa forma. Eso no es limpio. Pero bueno. Le devolví la sonrisa. Dijo que fue a sustituir a su padre enfermo. Le di la bienvenida, casi le ofrezco trabajo, pero me controlé. Soy una mujer decente, qué se creen y además feminista, jum.

Dirigí hacia la mesa donde estaban los termos de medicina, digo, café. Me sirvo en mi taza. Me despido del chico y como si no hubiera sido poco, me da por saludar al piso. Sonrojé, él no se burló. Ayudó a ponerme de pié. Me dio unas servilletas y dijo: “Me pasa todo el tiempo. Por ello me gustan las esquinas.” Sonreí. Creo que alguién tendrá un ascenso.

#Confesionesdeunacomeuñas02

Marifa

Desespero

 

La música. Los pájaros. El sonido del abanico girando, el murmullo de los niños hablando.
Los lápices en el vaso.
La cartuchera. Allende, El Quijote y Buesa.
El silencio, la pared, las palomas en horigami. Los cuentos de Disney. Cruzar la calle. Observar un vehículo pasar. Los Amets.
Las burbujas de la Gómez con Kennedy. Las cayenas en las casitas del barrio. 
Un pensamiento de la idea que viene de la imaginación que ahora solo trata de ti. Los sueños.
Espantárme a las cuatro sin razón aparente. El corazón que me late derrepente.
El viento que juega con la bandera de la escuela. Una sonrisa. Tú sonrisa. Una espuela.
Adiós, buenos días ¿Cómo estás? Namaskaar. Boa tarde, sí es muy tarde. Desapareces. Corres rápido. Das relevo. Aún no llegas. Desespero…

Marifa

Vaso roto

Vaso roto, tillado, cuarteado, difuso.

Vaso que lastimas mis manos.

 

Vaso cruel, despiadado, punzante, amargado.

Vaso que se transforma, que me engaña.

Vaso que clava sus dientes en mi alma.

Que me mata.

Vaso cobarde.

Vaso que huye, se asusta y me espanta.

Vaso desalmado, recio, insistente.

Vaso que ríe, que baila, que siente.

Vaso que roza contra la corriente.

Vaso que cambia de repente.

Vaso real que imagino en mi mente.

Vaso que no sacia la sed que me irrita.

Vaso que derrama lágrimas de vida.

Vaso que no encuentra una salida.

Vaso fiel, comprensivo, silente.

Vaso cansado del tiempo manipulador.

Vaso que aún no encuentra otro sabor.

Vaso que se ha quedado sin amor.

Vaso que recoge sus pedazos.

Vaso que ha achicado su espacio.

Vaso que extraña el haber sido vaso.

Marifa