La escencia de la vida

La suave brisa que nos roza. El cálido sol con sus rayos que son luz. Las dulces pupilas de las montañas, que las hacen señoritas. Los arboles, sus pestañas finas.

Los gigantes algodones que adornan la bóveda celestial. La mecánica de nuestro organismo. Nuestro corazón. Las aves entonando el canto de la vida. Las flores, la mejor decoración.

La mirada sorprendida de un bebé. La sonrisa comprensiva de un anciano con todas sus arrugas, cofres de sabiduría. La ternura con la cual le habla una madre a su hijo. La poesía.

La neblina cegadora y fascinante que transporta tanto aire necesario para el mundo. Cada fruto. Cada gota de lluvia. Cada sueño escondido. Cada invierno. Cada beso. Cada sentir.

Tantas cosas moravillosas que existen en la tierra. Cosas que no se pueden hacer. Cosas que nacen y nos dan placer, y aún seguimos preguntándonos si Dios existe.

EL HOMBRE FELIZ

Hola  🙂

Me encontré con este cuento y  me gustó muchísimo. Es de la famosa poeta nicaragüense María Teresa Sánchez. Tiene un mensaje muy interesante, además de que te atrapa desde la primera línea y  su forma de transmitir es increíblemente buena. Postrecito de buenas tardes. Se los dejo por aquí.

Besos infinitos…

Marifa

 

EL HOMBRE FELIZ

En un rincón del restaurante estaba el Hombre Feliz. Sorbía a tragos lentos su taza de café. En la mesa vecina, un grupo de jóvenes discutía acaloradamente sobre el resultado de un concurso de belleza. Uno dijo:

—Yo te aseguro que ese fallo no ha sido justo. ¡Esa muchacha no merecía el premio!

Un joven de ojos sarcos intervino:

—¿Qué sabes tú de mujeres…? Yo he visto mucho mundo y —¡hay que ver! —dijo maliciosamente, deteniéndose en los puntos suspensivos— ¡en el cuerpo está la cosa!

—Eres un vulgar! —intervino el tercero.

—¡A mí nadie me dice vulgar! —gritó el joven de ojos sarcos, al mismo tiempo que alzaba una botella de whisky y la rompía sobre la cabeza de su compañero. La trifulca se armó y pronto volaron en el aire vasos y botellas.

—Nos vamos —dijo el Hombre Feliz a su Otro Yo.

—¿No te dije que estos jóvenes son tontos? ¡Pero tanto insististe en venir a un restaurante!

El Otro Yo nada dijo. El Hombre Feliz prosiguió: —¡Bien merecías que te rompieran a ti también la crisma!

Caminaba el Hombre Feliz monologando con su Otro Yo. De pronto se detuvo. El Otro Yo se interesaba ahora por ver un mitin que, en una esquina del parque, celebraban unos manifestantes.

—Ve —dijo el Hombre Feliz—, de esos tumultos nunca se sale bien; además, sólo tonterías dicen.

El Otro Yo insistió en detenerse y el Hombre feliz se acercó al mitin. Un hombre gesticulaba violentamente. El Otro Yo preguntó:

—¿Qué dicen?

—Que la democracia está en decadencia —respondió el Hombre Feliz.

—Ah! —dijo el Otro Yo…—. ¿Qué dicen ahora? —volvió a preguntar el Otro Yo.

—Que sólo ellos pueden resolver el problema de la vivienda y la carestía…

—Ah! —dijo el Otro Yo—. Y ¿ahora qué pasa? —preguntó intranquilo el Otro Yo.

—Se corren de la policía —le respondió el Hombre Feliz. —¿Nos vamos? —le urgió el Otro Yo, atemorizado.

—¡No! —dijo el Hombre Feliz—. Ahora verás el final, para que otro día no insistás en venir a estas manifestaciones.

Sonó un tiro, hubo ruido de bayonetas y pasos de caballería. El Otro Yo tuvo miedo:

—¡ Vamos ! —dijo.

—No hay prisa —le respondió el Hombre Feliz. —¡Vámonos! —insistió el Otro Yo, con voz temerosa.

El Hombre Feliz se arregló el sombrero y con pasos lentos se alejó del tumulto.

—¿En qué terminará todo eso? —preguntó el Otro Yo, un poco más tranquilo.

—Bueno… a unos les romperán la cabeza, otros irán presos…

y mañana habrá muchas peticiones al Presidente, de parte de las esposas de los manifestantes… —dijo el Hombre Feliz y guardó silencio.

—Y el Presidente, ¿qué hará? —interrogó curioso el OtroYo.

—Nada, dirá que, dada la magnanimidad de su corazón, los dejen libres.

—¡Ah! —Dijo el Otro Yo—, y entonces, ¿para qué lo hacen?

—Para romper la monotonía de la vida —dijo el Hombre Feliz.

Cuando el Hombre Feliz llegó a su habitación se sintió cansado. Se desvistió, se acomodó en su cama, tomo un libro y se puso a leer.

—¿Qué leemos? —preguntó el Otro Yo.

—A Diógenes —dijo el Hombre Feliz.

—¿Quién es él? —preguntó el Otro Yo.

—El hombre que no necesitaba de nadie para ser feliz?

—¡Ah! —dijo el Otro Yo —entonces era como tú! Esto halagó al Hombre Feliz, quien, complacido, le respondió:

—No, porque yo te tengo a ti, y Diógenes sólo necesitaba un pedazo de sol.

¡Ah! —dijo el Otro Yo.

El Otro Yo apagó la luz y el Hombre Feliz le reprochó:

—¡Nunca hagas eso! Soy yo el que dispone cuándo debe deencenderse y apagarse la luz. Entiéndelo bien: ¡Yo soy tu amo…! No… no digamos amo… tú eres mi súbdito.

—Entonces ¿eres rey? —Pregunto extrañado el Otro Yo.

—¡No! Yo no soy rey. En mi república no hay reinado, sólo república.

—¡Ah! —dijo el Otro Yo.

El Hombre Feliz encendió la luz y siguió leyendo. A la mañana siguiente, el Otro Yo preguntó:

—¿Qué programa tenemos hoy? ¿Iremos de excursión?

—No —dijo el Hombre Feliz—. Hoy nos quedamos en casa.

—Ah! —dijo el Otro Yo, un poco triste. Abrió la ventana, respiró hondo el aire puro de la mañana, se golpeó el pecho y exclamó:

—¡Qué feliz soy!

(Era el ejercicio que le había impuesto el Hombre Feliz; ejercicio que todas las mañanas practicaba el Otro Yo).

El Hombre Feliz dijo a su súbdito:

—Que tu espíritu se nutra de las excelencias de la vida.Bástete, para ser feliz, la comprensión mía. Cuando te sientas triste, arranca al teclado esas melodías que te he enseñado y te sentirás bien. Esa música tiene hálitos divinos; es como si el aliento de Dios te rozara muy cerca. Aléjate de esa música grotesca que sólo sirve para estropear los sentidos y para histerizar al hombre. Levántate con el ánimo dispuesto a la felicidad y dándole gracias a tu Creador por todas las excelencias que te ofrece.

El Hombre Feliz continuaba dando normas a su Otro Yo. El Otro Yo miraba por la ventana sin prestar atención a lo que el Hombre Feliz le decía.

El Hombre Feliz se dio cuenta y le dijo:

—Porque el hombre mira más para abajo que a lo alto, es que vive sumido en la oscuridad…

Y, acercándose a la ventana, le dijo:

—¡Mira, qué bello paisaje! ¿Por qué detienes tu vista en esa mujer? ¡Esa es gente extraña para nosotros!, y yo no quiero que tengamos relaciones con otras naciones.

El Otro Yo se acercó al piano y deslizó sus manos sobre el teclado. La melodía invadió el cuarto.

El Hombre Feliz se sintió feliz.

* * *

Cuando la dueña de la casa comprobó que su huésped llevaba semanas enteras haciendo gesticulaciones un poco raras, se alarmó. En consulta de familia hablaron a un psiquiatra para que examinara al Hombre Feliz, preparando de antemano un encuentro casual.

—Le presento al Hombre Feliz —dijo la casera. —Tanto gusto, doctor —se adelantó el hombre feliz.

—Ah ¿ya me conocía?

—¿Conocerlo? ¡Pero si es uno de los médicos más prominentes de la ciudad! ¿Quién no lo conoce?

El médico se sintió halagado, y no vio en el hombre señales de locura. El Hombre Feliz continuó:

—Esa trepanación que hizo usted ha sorprendido a todos. Parece mentira que tengamos aquí verdaderos genios de la cirugía.

El médico continuaba feliz oyendo al hombre.

—Y usted, ¿qué hace? —le preguntó cortésmente interesado el médico.

—Pues, ¿qué quiere que le diga? Cuando se llega a mi

edad, es mejor vivir la vida como ésta se presenta. Mire usted —continuó el Hombre Feliz—, a los 50 años nadie tiene derecho a equivocarse sobre la humanidad: ésta es egoísta, vanidosa, belicosa, pecadora. He vivido dos guerras, he visto nacer el nacismo, el comunismo, el falangismo, las continuas derrotas de la democracia, el lanzamiento y la destrucción de ídolos que parecían perennes. Levantarse y hundirse ciudades y reinados. Crisis y bonanzas, el progreso de la ciencia y el adelanto de la técnica… La era atómica… —rubricó un poco amargado—. Y como si fuera poco, una nueva bomba acaba de anunciar hoy mismo la radio: la de cobalto… Por eso, Yo y mi súbdito, mi Otro Yo —recalcó—, miramos al mundo con el desprecio quese merece.

Todo había estado bien, pero esto último confundió un poco al médico, quien se despidió del Hombre Feliz, invitándolo a que lo visitara en su consultorio para charlar.

—Muy interesantes sus observaciones —le dijo al alejarse del Hombre Feliz.

En la calle, meditaba el médico sobre lo que había oído en los labios del Hombre Feliz. Al entrar el médico a su casa, la esposa lo increpó colérica:

—¡Desde hace horas te espero y vienes tan tranquilo!

–¡Mujer! Atendía un caso muy interesante —se defendió el médico.

—¡A mí con cuentos chinos! —le interrumpió la mujer enfurecida—. ¡Claro! ahora te das el lujo de hacerme esperar. ¡Pero no eras así cuando necesitabas el dinero de mi padre para montar ese maldito manicomio tuyo!… ¿Y ese hombre quién es?

El médico se volvió tan sorprendido como su mujer. En el umbral de la puerta estaba el Hombre Feliz cargando el maletín que el médico había olvidado; había presenciado toda la escena familiar.

—Vea, amigo —dijo el médico—, a usted le consta dónde he estado esta tarde… ¡Qué injustas son las mujeres! ¡Y qué maneras de recibir a un marido que llega cansado del trabajo!

La mujer gruñó algo inentendible. El Hombre Feliz entregó el maletín y no respondió nada.

De regreso el otro Yo preguntó: —¿Qué pasó?

—Y a nosotros, ¿qué nos importa?… ¡Así viven en las otras naciones! —recalcó el Hombre Feliz.

—Ah! —dijo el Otro Yo.

 

María Teresa Sánchez

http://www.elnuevodiario.com.ni/suplementos/cultural/386284-maria-teresa-sanchez-primera-mujer-arte-letras-nic/

 

¿Vale la pena?

¿Vale la pena seguir? Si tu mundo se queda sin brillo, mientras todos murmuran detrás tuyo de la insalubridad que te rodea, pero nadie se digna a preguntarte ¿Qué pasa?¿Vale la pena continuar? Si tu propia familia duda de tus capacidades llegando a humillarte frente a los demás.

¿Tiene algún caso intentarlo? ¿Cuando no aceptan quien eres, cuando entienden que tus ideas son poco creativas y vacías?¿Debo seguir perseverando? Cuando lo has intentado todo y de nada ha valido ¿Tengo  que luchar, cuando ya no puedo más? …

La vida es una carretera con curvas peligrosas y veredas pedregosas, pero hay un final, un grandioso final para todo el que persevera.  Pensamos que de nada va a valer, estamos demasiado roto, hay muchas heridas, mas es el precio de lo que te espera.    Aunque te sientas derrotado eres un gran luchador, eres una gran persona, y si otros lograron pasar, tu también lo harás, solo no te detengas. Estas al borde de la meta que siempre has soñado, ten fe en ti mismo ¡No te detengas! Dios está contigo aunque aveces no lo sientas.

 

 

Marifa

 

El limite de la tristeza

Saben que las cosas van mal, cuando ya no te interesa lo que pase. Cuando no lloras por nada. Cuando solo piensas en ti. Cuando no sabes que escribir. Cuando pierdes el rumbo y las esperanzas. Cundo no sientes nada.

Sabes que las cosas van mal, cuando no tienes ganas de levantarte. Cuando no te quedan suficientes agallas. Cuando no tienes miedo. Cuando prefieres estar solo. Cuando la música no te hace sentir mejor y la comida no te satisface.

Sabes que las cosas van mal, cuando no tienes deseo de respirar. Cuando sabes que no vas a poder. Cuando no hay nada que te sorprenda.Cuando tu mundo se queda sin brillo. Cuando nadie pregunta qué te pasa.

Sabes que las cosas van mal, cuando la vida se vuelve nada y la nada se vuelve tu vida. Cuando no hay nada en que creer. Cuando le pides al Dios del cielo que te lleve de una vez.

Algunas notas para el alma

 

Hola 🙂

Estoy sumergida en cuantiosos pensamientos que no me han permitido concentrar en una sola cosa. Seguro que me entienden mejor que nadie 🙂 . Para relajarnos un poco, ¿Qué les parece  escuchar algo de  Kenny G? 😀

Besos infinitos…

 

Marifa

 

 

 

 

 

 

 

Sinfonía del momento

Me abraza fuerte, muy fuerte.  No me deja ir, no quiero hacerlo. Acaricia con dulzura cada parte de mi, sin mover un solo hueso de su cuerpo. No dice nada, escucho mucho. Las manecillas del reloj, la brisa agitando la ventana, el agua corriendo por la acera. Los latidos de su corazón.

El tiempo se detiene, lo miro. Sonríe y me abraza más fuerte. No puedo respirar, no me importa. Me acomoda, me sonrojo. Vuelve a sonreír y me derrito. Trato  de contenerme un poco. Si lo vuelve a hacer podría volverme loca. Tal vez eso quiere. Sabe lo que provoca.

Me contempla. Por primera vez le percibo indefenso, cual niño que se topa con un mundo desconocido. Tal vez en eso me he convertido. Una tierra jamás visitada. Una civilización que nadie ha descubierto, una larga travesía, peligrosa, profunda, que ha acaparado toda su atención. Toda su vida.

Quiero decir muchas cosas, las palabras no salen de mi boca. Desespero, y entonces, me mira, esta vez  diferente.  La lluvia cae, el viento roza la puerta. Acaricia mi cabeza. Siento como sube la sangre a mis mejillas. Sonreímos los dos. Sinfonía del momento, donde no hace falta las palabras solo el amor.

 

Lo que nos pasa…

 

 

´´El problema de nuestra sociedad es que vivimos buscando lo que nos hace falta en vanalidades, llegando a desafiar la naturaleza, permitiendo irregularidades, y dejando que todo el mundo haga lo que le de la gana. No porque se busque formar seres humanos con mayores libertades, sino porque eso toma mucho tiempo y dinero.´´

 

Marifa

 

fuente externa

 

Un poco de buena música

Me estoy pasando los días escuchando buena música y quiero compartirla con ustedes. 😀

Antes, vamos a conocer un poquito de quien les deleitará esta tarde.

Juan Luis Guerra

Nació en República Dominicana un 7 de junio de 1957. Compositor, arreglista, cantante, músico y productor. Estudió filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Luego se matriculó en el Conservatorio Nacional en el área de guitarra y teoría musical. Finalizó sus estudios musicales en la prestigiosa escuela de Berklee College of music  en Bostos, Estados Unidos.

Tuvo el sueño de  tocar los ritmos endémicos de su nación por todo el mundo y lo ha cumplido. Con más de 30 millones de copias vendidas, es uno de los artistas más conocidos de América Latina. Ha ganado numerosos premios, incluyendo 18 Grammy Latinos, dos Grammy norteamericanos y dos Premios Latin Billboard.  Hoy día es uno de mis artistas preferidos a muerte. No solo porque soy dominicana, sino porque es un ser humano ejemplar que sabe trasmitir sin necesidad de exagerar, porque me incita a la danza. Porque sus letras son postre para el alma. 

¡Disfruten!

Besos Infinitos…

Marifa

 

 

 

 

Como la arena

A todos nos gusta dibujar en ella mientras disfrutamos de la playa.  Nos mueve la idea de hacerlo justo en la orilla, donde descansan las olas. De paso nos enojamos cuando se nos arruina el escrito. Sin embargo, continuamos con la obra justo donde iniciamos. Pocas veces escogemos movernos y no descansamos hasta obtener la imagen deseada. Pero, ¿Por qué lo hacemos?

Puedo decir que es uno de los momentos más extremos de nuestra existencia. Correr , tratar de desafiar a las constantes olas. Que la foto no quede torcida o desalineada y aunque nos de trabajo sacar la imagen, aún así lo hacemos. Ahora se preguntan ¿por qué di tantos rodeos? ¿a qué te estas refiriendo? Pues es que es gracioso saber que ante problemas de la vida que son más compresibles y, en ocasiones, menos difíciles de enfrentar, nos rendimos a la primera. Y sí , les estoy comparando unos dibujitos en la arena con la vida. No, no estoy loca , es simple lógica. Si podemos enfrentarnos a unas olas desafiantes, pues entonces tenemos la innata capacidad para lograr sobre llevar cualquier mayor percance de nuestros diarios afanes. Al fin y al cabo, con perseverancia, podremos lograr tomar la fotografía o plasmar en los caminos de nuestras vidas, los logros obtenidos. 

Si se va de vacaciones

Escribir por escribir, no es escribir, es ser un aprovechado. Ni siquiera teniendo  el mayor talento podemos plasmar ideas por razones que no vayan más allá de un sentimiento, de un momento que quieres compartir con el mundo, aunque nadie vaya a leerlo.

Es quitarle la magia al arte que la compone. Es la más penosa situación en la que puede caer algún poeta, incluso yo mismo, ¡Dios nos libre de tal calamidad! No hay que desesperar. Si la musa no llega, ni forzando un poco, pues  tomémonos un descanso. Todo  arriba cuando tiene que hacerlo. No hay  que desafiar al tiempo.