Nota difusa

Llego a casa cansada con un cúmulo de cosas en la cabeza, tratando de concentrar la mirada a un tema  con el fin de escribir algún poema, o tal vez una reflexión. Son tantas las cosas que han pasado en estos días que no sería justo dejar a fuera alguno. O son todos, o no es nada, y creo que me quedo con la nada.

Interesante miembro de la inexistencia que nos dificulta la existencia. Es ahí donde radica lo que nos provoca angustia, miedo, intriga. La nada puede ser todo. Eso, eso es maravilloso.

A partir de ahí inicio mi semana, sin grandes expectativas, aun emocionada por la marcha de ayer (les contaré en otra publicación), con el itinerario de siempre, mas resulta que en 19 horas he utilizado tantas veces el cerebro que ya me duele la cabeza, bueno,  eso es lo normal, ¿verdad?, hacer tareas implica utilizarlo, organizar la semana también, sin embargo el verdadero saber llega a doler de cuando en vez. Hasta me enredé.

En algún momento de mi historia tuve el deseo de estudiar filosofía, se lo comenté a mi madre, dijo que moriría de hambre, así que cambié a Ingeniería Civil. Por cosas de la vida me topé con la carrera de Comunicación Social, y quiero decir que la conocí antes, de hecho era la opción de mi hermana desde que tengo uso de razón, pero entonces la vi diferente que ahora.

Les confieso que hasta ese momento las matemáticas eran mi mundo difuso. Digo difuso porque mi corazón no estaba a gusto con la decisión. Lo forzaba a que mirara hacia un punto que no podía divisar, la verdad tenía miedo de hacerle caso.

Estaba en mi último año del bachillerato, casi con una beca para la carrera que les dije, varada entre la linea del futuro y la mentira. Mentira porque yo sabía que eso no era lo que en realidad deseaba, mentira porque el cerebro no me dolía cuando lo decía, mentira, porque era mentira.

Ahora escribo para ustedes, y para los seres que amo, en ese entonces ni siquiera leía, si bien trataba de documentarme sobre lo que pasaba, ni la literatura, ni las letras eran mi norte. Lo pienso y me duele pues pude aprovechar mejor ese tiempo.

Cuando era adolescente me enamoré de un chico 4 años mayor. Empecé a componer canciones para él, nunca se las entregué. Lo veo  y me pregunto como fue que no le dije, tampoco hizo falta. Los primeros pasos estaban dados, mas llegó la edad media.

Ahora me encuentro sentada y me duele la cabeza, he escrito cosas divergentes, creo que hice un arroz con mango, pero me duele la cabeza y eso es buena señal. Me apasiona mi carrera, me apasiona enseñar, me apasiona el arte, la música, la cultura, el hecho de que haya tantas personas que también sientan lo mismo, me hace feliz.

Al fin y al cabo estoy en el área que me corresponde estar, estudiando lo que debo, y eso, eso es aún más maravilloso que la nada.

No sé porque he escrito todo esto, no recordaré lo que expresé, de eso estoy segura, pero tengo la extraña sensación de que me entiendes mejor que nadie, o tal vez no, pero lo intentas. Si te preocupa  llama a la emergencia, mas te digo que no valdrá la pena, pues estoy sufriendo un mal para lo que solo hay una cura: El conocimiento.

 

Marifa

 

 

 

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