Una gran historia (Completa)

Sí mis queridos, hemos llegado al final del  recorrido. Terminó siendo una aventura maravillosa donde pude conocer a otros talentosos bloggers que además dejaron plasmado en esta composición todo lo que son. Por ello le doy infinitas gracias.  🙂

No quiero hablar demasiado, esto iba a ser por dos semanas, duramos un mes y creo que valió la pena. Eso que no se planea, eso que nos sorprende, eso que nos deja enseñanzas gratas, eso, eso  es un regalo del tiempo. Solo les pediré que compartan el resultado final para que todos vean lo que hicimos. Otra vez gracias, muchísimas gracias.

Besos de escarcha. Lluvia de jazmines y gardenias,

Marifa

 

 

Una gran historia 

Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito. Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable. El paladar hace fiesta para recibir cuantiosos ingredientes desconocidos hasta entonces y dentro del delgado túnel de los sueños retenidos, emociones encontradas hacen fiesta hasta llegar a su destino.

Marifa

Et voilà! Así explicaba en mi libro de cocina, cómo detectar el sabor perfecto. Una mezcla entre lo tradicional y lo exótico; lo conocido y lo desconocido; la comodidad y la explosión de sensaciones. Y todo, con solo probar. Es la magia de la cocina, y la magia que quise transmitir cuando abrí mi restaurante. Sin embargo, algo falló y no sé el qué. Estoy en la ruina, y todo lo que aposté por este negocio lo he perdido. No me gusta pedir ayuda, pero esta vez te necesito. Espero tu respuesta.
“”Chef”” Castelle.

ragdoll54

No esperaba para nada esta petición tan desesperada del “Chef” Castelle, tan afamado en la costa sur francesa. Y mucho menos que viniese dirigida a mí. Aquello era como si el maestro se dirigiese a la desesperada a su alumno, pero no me dejé llevar por mi inseguridad, como de costumbre. Si el gran “Chef” precisaba de mi ayuda, no sería yo quien cuestionase mi capacidad para facilitársela. Así que dejé en mis mejores manos mi propio negocio y tomé el primer tren hacia Marsella. En cualquier caso, aquello resultaría toda una experiencia para mí.

Ana Centellas

En cuanto llegué a Marsella el Chef Castelle me esperaba en la estación. Su aspecto decrépito y desaliñado me impactó. Nada tenía que ver con las fotos que antaño llenaran las primeras planas de las revistas gastronómicas más prestigiosas.
Aparté ese pensamiento de mi cabeza, pues por fin averiguaría el propósito de su demanda. Era algo que me inquietaba bastante, pues no entendía qué querría un gran chef venido a menos de mí, un humilde zapatero.

Lidia Castro

Una exquisita limpieza imperaba en la cocina. La atravesamos sin parar hasta alcanzar el interior de la cámara frigorífica. Allí un cocodrilo eviscerado colgaba del único gancho disponible. Era la única oportunidad del Chef para impresionar a los quince afamados críticos gastronómicos que se sentarían en el comedor para degustar de su última creación. Había fracasado en cien intentos anteriores para contener el relleno en el interior del asado durante las catorce horas de horneado. Conteniendo las lágrimas suplicaba: Cose como sólo tú sabes. Aferré la lezna y mirándole a los ojos, la hundí tres veces en su pecho sudoroso.

Carlos Feijoo

El viejo cocinero observaba el blanco techo de la cámara con los ojos vacíos. Su cuerpo inerte, que había caído de espaldas, ocupaba todo el ancho de la pequeña estancia, a la que en unos minutos había tintado de una sangre densa y oscura. El cocodrilo esbozó una sonrisa de agradecimiento desde su gancho de tortura, o al menos eso fue lo que creí ver en aquel momento de locura transitoria. Hacía tiempo que Castelle y yo no nos veíamos. Y no podía imaginarse que me había convertido en un comprometido activista contra el asesinato animal.

Mayte Blasco

Había vengado a aquel pobre reptil pero no me sentía satisfecho. Le observaba balancearse cuando se me ocurrió una manera de darle utilidad a su injusta muerte. Puse mi maletín en la encimera, lo abrí e hice lo que mejor se me daba. En dos horas y a falta de comprar y poner hebillas había realizado: unas botas para mi hija mayor, un chaleco para la pequeña, un cinturón para el mediano y un bolso para mi mujer. Me esmeré mucho en este último, tenía la esperanza de que un regalo tan especial le haría perdonarme y retirar la demanda de divorcio.

Luna Paniagua

«Todo esto no puede ser cierto, es demasiado absurdo», pensé y entonces sonó el despertador: había sido un sueño. «Tengo que dejar de cenar tanto; después se me mezclan las ideas y tengo pesadillas», me dije mientras volvía a leer el mensaje de móvil que recibí ayer. Decía así: «Su próxima misión: Contactar con nuestra agente infiltrada en el Complejo Moonlight. Deberá traernos el nuevo prototipo de chip, con información vital para nuestros intereses, que ella le dará. Su contraseña: «Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito.» Ella le contestará: «Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable.»

Luis Goróstegui

Por suerte, ser un escritor de éxito me abría muchas puertas. Hice algunas llamadas y, a media tarde, un mensajero me trajo la invitación para asistir a la subasta que iba a celebrarse esa misma noche en las instalaciones de Moonlight. Esperaban recaudar fondos suficientes para proseguir con sus investigaciones sacando a la venta algunos de los autómatas que les habían hecho célebres.

Llegué con tiempo suficiente para pasear entre los invitados antes de que comenzaran las pujas. Mientras daba vueltas por el hall me dediqué a observar a las invitadas. Ninguna llamó mi atención, hasta que sentí unos golpecitos en mi espalda.

Me giré, una rubia despampanante nubló mi mirada, portaba dos copas y con voz sensual me dijo: ”Le apetece, es champagne de oro con aromas a zarzamora. Le contesté: “Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso y finito”. A lo que ella respondió: “Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable”. Entonces de entre sus pechos sacó aquel diminuto chip y cuando iba a depositarlo entre mis manos se produjo un apagón…

Javier Puchades

Gritaron los invitados al quedar la sala totalmente a oscuras. Cuando regresó la luz, la rubia había desaparecido sin dejar ni rastro. Quedé desconcertado, no sabía qué hacer ni dónde buscar para conseguir el chip.
Me noté la frente perlada de sudor por los nervios, por lo que metí la mano en el bolsillo de mi chaqueta en busca del pañuelo. Tropezaron mis dedos con algo pequeño y frío. ¡Allí estaba el chip, junto con una nota! ¿Serían las nuevas instrucciones?
Busqué un lugar discreto para leer su contenido, que decía…
“Si quieres despertar, busca un chip dentro de tu cabeza, ¡y arráncatelo!”.
Que nota más absurda le había dejado la rubia. La guardó en su bolsillo y decidió examinar la plaquita. De unos tres centímetros por lado, parecía un chip cualquiera. “Despertar…” ¿A qué se habrá referido? Era obvio que él era una persona despierta, siempre había querido ser (escritor) [chef] {espía} |zapatero| y había pasado su vida (escribiendo) [cocinando] {asesinando} |arreglando zapatos|.
Sintió un ligero mareo y la extraña impresión de un triple desdoblamiento. “¿Quién soy yo?” La sensación empalagosa de estar atrapado dentro de un sueño de alguien que no era él —pero se hacía pasar por él— no lo abandonada, y se volvía cada vez más intensa. Decidió sentarse y cerrar los ojos por unos segundos, mientras, sin motivo aparente, extrajo nuevamente el chip de su bolsillo y…
se tocó la nuca. Tenía un bulto bajo la piel, tan pequeño como ese chip. No recordaba haberse puesto uno de esos. Se alarmó. Buscó una salida entre los invitados y notó que lo miraban todos. Cientos de ojos se clavaban en él, casi quemándolo. Echó a correr como un loco por el salón, creyendo que le darían caza entre todos. En medio de su frenética carrera, el piso de brillante parqué se deshizo, convertido en arena movediza. Dio apenas dos pasos y sus piernas quedaron soterradas. Buscó escapar, manoteando al aire con furia. De pronto, el silencio del salón se llenó de risas de los invitados. Y luego explotó en escandalosas carcajadas que le taladraron los oídos. Lo apuntaban y se retorcían por la risa incontrolable. Sus caras desfiguradas y ojos desorbitados lo llenaron de pánico.
No tuvo opción. Soltó un grito destemplado, llevó la mano a la nuca, y se arrancó con piel y todo el chip de la cabeza. Las risas se convirtieron en gritos de pánico. Cuando explotaron las lámparas, todo quedó a oscuras. Sintió correr sangre por la espalda y un gran chispazo en su cabeza lo lanzó de bruces al suelo.
Despertó en…”

un escenario de hierros redondos  y ruidos urgentes, entre sábanas blancas, rígidas con olor a fluidos y vidrios capturadores.

Otra vez la “normalización” estaba en marcha, la sangre de su espalda limpia, su cabeza suturada y el mínimo chip en una caja, listo para ser analizado

Nadie hasta el momento intentado subir la escalera de la deconstrucción de la realidad, la liana de la imaginación,ni volar en una nube surrealista, y él mientras tanto respiraba resistiendo, expectante, aún confiando que …

PIESTRANSPARENTESBLOG

todo estaba normal, natural —Sea lo que sea que signifique eso— pensó tragando grueso; este bendito chip y su “información vital”, se rió, ¿Vital?, alguna chorrada absurda de esos activistas religiosos que siempre lo contrataban y que estaban empeñados en vender la idea de un dios de cabeza como pulpo tan alto como quien sabe qué. Él no creía en nada, en nada excepto en su vieja y confiable Colt Anaconda, se sobresaltó, quien sea que lo había rescatado y curado la había dejado a su lado, pero por qué. Escuchó ruidos, se acercaban, una mezcla de expectante excitación lo hizo repetir —Actúa natural, natural, natural…

roxana/allegraluna

Sintió el frio de su Colt en su pantalón. Recordaba perfectamente la última vez qué la utilizó:

—¿Esperas qué cave mi propia tumba en el desierto? ¡Dispara de una vez o déjame ir!

Aquel infeliz en medio del Mojave estaba realmente gordo, la playera se estiraba para ceder terreno a la grasa acumulada en sus axilas.  Y la barba era poca para ocultar la papada que llegaba hasta manzana.

—¡No hay chip qué me vaya a sacar de esta! ¡Dispara de una vez!

No podía recordar si disparó o no.

La luz dejó de encandilarlo y dejó los malos recuerdos para después, tenía algo más importante entre manos…

Cerdo Venusiano

”Buenos días amor”, escuchó a lo lejos. No sabía si era producto de su imaginación inconsistente, de un sueño disparatado o de de la realidad insuficiente. Respiró profundo, “Es preciso tomar de a pasito”, recordó por alguna razón, “debo tomarlo con calma, nada puede ser peor de lo que ya ha pasado”, respira de nuevo. Volteó su cuerpo aún confundido ante tantos sucesos.

Una imagen, casi perfecta, casi difusa, le deja perplejo, “¿cómo llegaste aquí?”, pregunta, “tu me llamaste, todo es fruto del juego”, contestan. Quiso responder, no pudo. Atino ver en la mano de la mujer el chip. Decenas de lamparas iluminando su rostro, la camilla fría, el corazón latiendo perdidamente al compás que sus pensamientos. La voz dulce, con cabellos rubios, con mirada turbia, sonrió, “El proyecto ha fracasado, tendremos que empezar de nuevo.”

Marifa

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